En
tantos artículos he hablado sobre temas generales, políticos
y ecológicos, que vendría bien tomar cierta distancia,
intentando cambiar de aire.
Recuerdo
mi infancia, donde el piano era el centro “lúdico” de
la casa. No había televisión, menos computadora
y la radio solo servía- para nosotros los chicos- nada
menos pero nada más que para fantasear con las aventuras
de Tarzán y de Zandokán y atiborrarnos del chocolate
que los presentaba.
Cuando
hacía frío y en Florida (Vicente López)
los inviernos eran crudísimos, atenuados solo por una
estufa de kerosén, ya que la casa tenía una salamandra
sacrílega por partida doble, que quemaba madera de quebracho
y tan mal –por su chimenea mal construida- que rara vez se prendía
pues ahumaba toda la casa , nos hacía lagrimear los ojos
y apestar a quemado. (Todavía no se había hecho
“carne” la muerte por monóxido, pero era tal el inconveniente
apuntado que solo en tres grandísimos fríos recuerdo
que la “monstruosidad” fue prendida.
En
esos crudos inviernos no era posible salir al patio a jugar
con los autitos rellenos de masilla, ni armar el tren eléctrico
dentro de túneles que remedaban al subterráneo
y que mi hermano, el más chico se empecinaba en derrumbar
por consejo de vaya uno a saber que diablo mal aspectado. (¡De
cuantas palizas libró mi vieja al susodicho, que osaba
destruir tareas tan meticulosas!, creo que lo hubiera finado
más de una vez por tan “indignas acciones”.)
Jugar
a la pelota nos estaba vedado en el jardín, el fondo
estaba lejos además había que respetar a las gallinas
y a las verduras, la calle era “zona prohibida”, nos quedaban
los deberes del cole -de doble escolaridad-, la guitarra – a
un hermano- y el piano –a mí-.
Al
llegar a la adolescencia, no solo el viajar al centro, el cigarrillo
y otros pequeños vicios, me hicieron rebelde; el piano
hizo mucho, en especial los hoy por mi idolatrados Bach y Rachmaninoff
, en especial el último con endiablados acordes de seis
o siete notas por mano y que se sucedían a una velocidad
inversamente proporcional a la que mi mala digitación
era capaz. El muy condenado escribía algunas partes de
sus obras con cuatro pentagramas. Era verdaderamente inhumano.
En
realidad sobre humano, digno de un genio del instrumento y un
superdotado de la composición, pero que me hizo dejar
el piano, por no tener la paciencia que da la real vocación.
La
genialidad de esos autores se debía a que los tiempos
y los superdotados tienen sus momentos históricos para
dedicar su sabiduría y capacidades.
Hoy
los genios están dedicados a la ciencia pura, la investigación
biomolecular, etc., desde el 1600 al 1920, muchos de ellos se
dedicaron a las artes, en especial la música y a la filosofía.
Desde
ese año, más o menos, creo que todas las artes,
por diversos motivos han ido decayendo y la música no
podría ser la excepción. Pido perdón a
los que se sientan afectados: La murga es casi un compendio
de lo que estoy diciendo, como muestra de arte es un retroceso
alevoso, en correspondencia del retroceso en todos los órdenes
que ha sufrido el país y Latinoamérica en otros
órdenes.
El
mundo sensible no es infinito, por lo tanto, las búsquedas
en el arte tampoco lo pueden ser, por ejemplo, la fotografía
– con su velocidad y precisión - mató realmente
al dibujo, y a la pintura en general, otras técnicas
de reproducción y labrado por rayos láser harán
lo mismo con la escultura.
Tanto
la pintura que hasta un mono puede realizar, o esculturas que
se pueden “finalizar” en horas, no cuadran en el concepto de
obra de arte, ante esculturas del renacimiento, solo nos traen
el deseo de latigar a los que osan “ desnaturalizar el atrio
del Templo” como hizo Jesús con los mercaderes de palomas
y cabritos, …mercachifles y cambistas…..
La
mayoría de estas “obras maestras” no tienen precio, son
despreciables verdaderamente. Las cantinelas modernas no tienen
siquiera el mérito de las danzas del medioevo bajo, ya
que ni siquiera tienen originalidad y aquella frescura e inocencia.
Estamos
tan acostumbrados a sobrevalorizar lo estúltido, que
poco a poco aceptamos ideas y propuestas sin valor como si fuera
ciencia infusa.
Nuestro
país ha sido siempre particularmente perverso a este
respecto, ser inteligente es ser “traga”, ser buena persona
equivale a ingenuo, ser mala persona es ser un “vivo bárbaro”:
¡Que vida que te das, cafishio! ,….hay que tener calle,…amigos….mejor
si te apadrina la mafia…..y que te dure.
En
las artes sucede otro tanto a nivel mundial. pero, en la música
es mas difícil mentir. Otro tanto en la pintura, desde
hace más de un siglo que como “búsqueda” primero
y como práctica todo es una gran mentira: Imaginen que
los japoneses,- que en la década del cuarenta, se iban
a hacer el haraquiri si el “emperador” no les pedía lo
contrario al firmar la rendición incondicional-, desde
la década de los ochenta son los grandes compradores
de cualquier bodrio que esté a la venta!
Los
yankies hicieron mucho para que esto sucediera, y en la música
aún mas: luego de la primera guerra mundial y los locos
“veinte”, impusieron el síncopa, primero apenas insinuado
con la armonía, para luego aplicar la batería,
que se convirtió en la directriz de toda esa “música”,
mandando en la práctica a la música que generalmente
se escucha a la zona de la inspiración primitiva del
oscurantismo africano.
La
batería es la muerte de la música. Desde las obras
excelsas de la polifonía, de las sinfonías, de
la música orquestal, con el entramado de múltiples
voces en grandes variaciones melódicas y el estro armónico,
a la poquísima literatura escrita para la batería,
le sobran líneas de pentagrama, con una sola línea
le basta, un total contrasentido.
En
tanto, muchas cosas posiblemente de mayor valor, han quedado
sin experimentarse: Por ejemplo: Poca música se ha realizado
para el contrabajo. Más, el instrumento acústico
debería ser rediseñado, su caja debería
tener “aberturas” más grandes, la caja armónica
de espesor menor, el mástil y el pie, más independientes
de la estructura sonora, permitirían un mayor volumen,
mejorarían el timbre y la expresión del instrumento.
Por que no colocar una quinta cuerda más aguda, el bajo
electrónico ha tenido evolución y variantes, pero
no ha llegado a convencer, salvo la “guitarra” deca -corde,
con amplificador del “Trío Dómine”.
Este
conjunto ha desarrollado una veta musical no transitada anteriormente:
transcribir música sacra de los grandes autores para
conjunto de guitarras de amplio espectro sonoro, sus tres guitarras
asumen todos los cuasi-timbres musicales en casi toda la amplitud
oíble.
Esto
último es un deseo más que una opinión.
También el que aparezca un genio que componga música
para este modernamente modificado instrumento acústico,
tal vez sea pedir demasiado, pero un quinteto de cuerdas con
un contrabajo que realice una buena armonía y cada tanto
haga su parte melódica, es como una asignatura pendiente,
aún – irremediablemente- para históricos y renombrados
próceres de la historia musical pero no para geniales
transcriptores y arregladores.
Ing.
Agr. Manlio E. Wydler, Secretario de la Fundación Argentina
para los Espacios Verdes, Consejero del Plan Estratégico,
ex -Asesor Honorario de la Legislatura, “Vecino Solidario 2001”