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“Música” por Manlio E. Wydler

 

En tantos artículos he hablado sobre temas generales, políticos y ecológicos, que vendría bien tomar cierta distancia, intentando cambiar de aire.

Recuerdo mi infancia, donde el piano era el centro “lúdico” de la casa. No había televisión, menos computadora y la radio solo servía- para nosotros los chicos- nada menos pero nada más que para fantasear con las aventuras de Tarzán y de Zandokán y atiborrarnos del chocolate que los presentaba.

Cuando hacía frío y en Florida (Vicente López) los inviernos eran crudísimos, atenuados solo por una estufa de kerosén, ya que la casa tenía una salamandra sacrílega por partida doble, que quemaba madera de quebracho y tan mal –por su chimenea mal construida- que rara vez se prendía pues ahumaba toda la casa , nos hacía lagrimear los ojos y apestar a quemado. (Todavía no se había hecho “carne” la muerte por monóxido, pero era tal el inconveniente apuntado que solo en tres grandísimos fríos recuerdo que la “monstruosidad” fue prendida.

En esos crudos inviernos no era posible salir al patio a jugar con los autitos rellenos de masilla, ni armar el tren eléctrico dentro de túneles que remedaban al subterráneo y que mi hermano, el más chico se empecinaba en derrumbar por consejo de vaya uno a saber que diablo mal aspectado. (¡De cuantas palizas libró mi vieja al susodicho, que osaba destruir tareas tan meticulosas!, creo que lo hubiera finado más de una vez por tan “indignas acciones”.)

Jugar a la pelota nos estaba vedado en el jardín, el fondo estaba lejos además había que respetar a las gallinas y a las verduras, la calle era “zona prohibida”, nos quedaban los deberes del cole -de doble escolaridad-, la guitarra – a un hermano- y el piano –a mí-.

Al llegar a la adolescencia, no solo el viajar al centro, el cigarrillo y otros pequeños vicios, me hicieron rebelde; el piano hizo mucho, en especial los hoy por mi idolatrados Bach y Rachmaninoff , en especial el último con endiablados acordes de seis o siete notas por mano y que se sucedían a una velocidad inversamente proporcional a la que mi mala digitación era capaz. El muy condenado escribía algunas partes de sus obras con cuatro pentagramas. Era verdaderamente inhumano.

En realidad sobre humano, digno de un genio del instrumento y un superdotado de la composición, pero que me hizo dejar el piano, por no tener la paciencia que da la real vocación.

La genialidad de esos autores se debía a que los tiempos y los superdotados tienen sus momentos históricos para dedicar su sabiduría y capacidades.

Hoy los genios están dedicados a la ciencia pura, la investigación biomolecular, etc., desde el 1600 al 1920, muchos de ellos se dedicaron a las artes, en especial la música y a la filosofía.

Desde ese año, más o menos, creo que todas las artes, por diversos motivos han ido decayendo y la música no podría ser la excepción. Pido perdón a los que se sientan afectados: La murga es casi un compendio de lo que estoy diciendo, como muestra de arte es un retroceso alevoso, en correspondencia del retroceso en todos los órdenes que ha sufrido el país y Latinoamérica en otros órdenes.

El mundo sensible no es infinito, por lo tanto, las búsquedas en el arte tampoco lo pueden ser, por ejemplo, la fotografía – con su velocidad y precisión - mató realmente al dibujo, y a la pintura en general, otras técnicas de reproducción y labrado por rayos láser harán lo mismo con la escultura.

Tanto la pintura que hasta un mono puede realizar, o esculturas que se pueden “finalizar” en horas, no cuadran en el concepto de obra de arte, ante esculturas del renacimiento, solo nos traen el deseo de latigar a los que osan “ desnaturalizar el atrio del Templo” como hizo Jesús con los mercaderes de palomas y cabritos, …mercachifles y cambistas…..

La mayoría de estas “obras maestras” no tienen precio, son despreciables verdaderamente. Las cantinelas modernas no tienen siquiera el mérito de las danzas del medioevo bajo, ya que ni siquiera tienen originalidad y aquella frescura e inocencia.

Estamos tan acostumbrados a sobrevalorizar lo estúltido, que poco a poco aceptamos ideas y propuestas sin valor como si fuera ciencia infusa.

Nuestro país ha sido siempre particularmente perverso a este respecto, ser inteligente es ser “traga”, ser buena persona equivale a ingenuo, ser mala persona es ser un “vivo bárbaro”: ¡Que vida que te das, cafishio! ,….hay que tener calle,…amigos….mejor si te apadrina la mafia…..y que te dure.

En las artes sucede otro tanto a nivel mundial. pero, en la música es mas difícil mentir. Otro tanto en la pintura, desde hace más de un siglo que como “búsqueda” primero y como práctica todo es una gran mentira: Imaginen que los japoneses,- que en la década del cuarenta, se iban a hacer el haraquiri si el “emperador” no les pedía lo contrario al firmar la rendición incondicional-, desde la década de los ochenta son los grandes compradores de cualquier bodrio que esté a la venta!

Los yankies hicieron mucho para que esto sucediera, y en la música aún mas: luego de la primera guerra mundial y los locos “veinte”, impusieron el síncopa, primero apenas insinuado con la armonía, para luego aplicar la batería, que se convirtió en la directriz de toda esa “música”, mandando en la práctica a la música que generalmente se escucha a la zona de la inspiración primitiva del oscurantismo africano.

La batería es la muerte de la música. Desde las obras excelsas de la polifonía, de las sinfonías, de la música orquestal, con el entramado de múltiples voces en grandes variaciones melódicas y el estro armónico, a la poquísima literatura escrita para la batería, le sobran líneas de pentagrama, con una sola línea le basta, un total contrasentido.

En tanto, muchas cosas posiblemente de mayor valor, han quedado sin experimentarse: Por ejemplo: Poca música se ha realizado para el contrabajo. Más, el instrumento acústico debería ser rediseñado, su caja debería tener “aberturas” más grandes, la caja armónica de espesor menor, el mástil y el pie, más independientes de la estructura sonora, permitirían un mayor volumen, mejorarían el timbre y la expresión del instrumento. Por que no colocar una quinta cuerda más aguda, el bajo electrónico ha tenido evolución y variantes, pero no ha llegado a convencer, salvo la “guitarra” deca -corde, con amplificador del “Trío Dómine”.

Este conjunto ha desarrollado una veta musical no transitada anteriormente: transcribir música sacra de los grandes autores para conjunto de guitarras de amplio espectro sonoro, sus tres guitarras asumen todos los cuasi-timbres musicales en casi toda la amplitud oíble.

Esto último es un deseo más que una opinión. También el que aparezca un genio que componga música para este modernamente modificado instrumento acústico, tal vez sea pedir demasiado, pero un quinteto de cuerdas con un contrabajo que realice una buena armonía y cada tanto haga su parte melódica, es como una asignatura pendiente, aún – irremediablemente- para históricos y renombrados próceres de la historia musical pero no para geniales transcriptores y arregladores.

Ing. Agr. Manlio E. Wydler, Secretario de la Fundación Argentina para los Espacios Verdes, Consejero del Plan Estratégico, ex -Asesor Honorario de la Legislatura, “Vecino Solidario 2001”

 

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